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sábado, 3 de enero de 2015

Y en Navidad... Una charla adiestradamente distendida (relato)


“si vuelves a decir un puto pero te lo comes, puta inútil. Los peros no tienen valor”
 “Pero, pero… pero, peras, peritas, peral. Pero, pero…¡¡basta morena!!”

Su cabeza no paraba de pensar, de buscar la manera de como leches expresarse sin que fueran justificaciones “Los PEROS son una conjunción adversativa que produce una contraposición entre dos proposiciones. Como todas las conjunciones, su finalidad es actuar como nexo, enlazando oraciones, palabras…”

 _ Dejadepensaryarreglateeee que son casi las dos de la tarde_

 Poniendo los ojos en blanco y soltando un pequeño grito de agobio Diana se acercó al armario sacó unas medias negras tupidas, un vestido tipo jumper de manga tres cuartos color berenjena y de la comoda, solo un sujetador negro, dejó todo bien colocado en la cama y se fue a duchar.

“Te gusta torturarte” Su adentro ardía de rabia cuando sin comerlo y ni beberlo, se le volvió a aparecer por la mente más frases de la charla que mantuvo con su ex-Amo por la mañana temprano, mientras tomaban un café con leche.


Echó la cabeza hacia atrás para que le cayera el agua en la cara y relajarse, pero de poco sirvió porque la mente iba sola, y Él, pasea a sus anchas por su interior sin pedir permiso, y más sabiendo  que en cierta manera Él tiene razón en cada palabra, que es lógico, que  intenta calmarla y a la fin... que se deje de tonterías. 

Pero que por otro lado, las ciertas maneras de ella debatían creando un atropello en la conversación ya que Diana se encontraba realmente perdida en su esencia; que entiende a fuego la lógica, pero en esos momentos era perra sin control y no era razonable, sin visualizar como debiera, ya que las ganas que ansía su alma y la necesidad que tiene de entrega la hacen flaquear y su pensamiento era, si quizás tomando otro rol se  pudiera sentir mejor y así poder disfrutar frustradamente en silencio ayudando sin que ella saboreara de su sumisión, para en cierto modo, sentirse feliz regalándosela a otras hembras que curiosas pululan por el mundo BDSM.

Quiería buscar la plenitud, dentro de un papel que no le pertenece; “pero…Señor” su mente recreaba la conversación mientras se enjabonaba y se lavaba el pelo.

ÉL: “Otra mierda de perooo, zorra idiota. ¿Qué te he dicho puta?”
ella: “que me lo iba a comer”
ÉL: “y por supuesto, te lo comerás. Deja de sentirte gilipollas y sé orgullosa, es simple. Eres una buena, una deliciosa perra y tienen que merecerte. No hay más.
Y como es Navidad y me estás cabreando te vas a comer los peros como si fueran pavo.”

Diana se aclaró y salió de la ducha.
Secándose y sintiéndose más calmada, ella sabía a la perfección el tono de la conversación y lo que Él quería hacerle entender. Le hacía ver su lugar, como también valorar su esencia sumisa y su sitio, de vez en cuando le proporcionaba algún que otro capón para que se dejara de chorradas, de cambios de rol en su mundo BDSM que al fin y al cabo no le iba a dar nada positivo y que se centrara. Que Diana viera que hay que ser paciente y, cuidar su tesoro que se llama esencia sumisa... y que no por mucho correr amanece más temprano.

Se acercó a la cama, y mirando la ropa, los pensamientos volvieron pero esta vez con otra sensación, se sentía bien, sabiendo cual es su sitio y que se dejara de pamplinerías. “Y como es Navidad y me estás cabreando te vas a comer los peros como si fueran pavo. Y como veo que necesitas un buen uso hoy llevarás tu coño lleno durante toda la comida recordándote lo alto que puedes volar y sin peros”

Cuando ella emitió esa demanda denegó de cierta manera esa petición y soltó una carcajada porque sabía que Él ya estaba hasta las mismísimas pelotas de repetirse y aunque había una seria buena onda, afloraba el buen rollo en la charla.

Diana le comentó que iba a cumplir la tarea, pero no porque precisara uso, que la haría porque comprendía a la perfección el cometido de tal demanda.

Se levantó y con tiento le pidió si le dejaba acercarse, Él aceptó y ella lo hizo, posó las manos en el torso de su ex-Amo y de puntillas, con sutileza, buscó su oreja y le susurró…

_Gracias por estar y hablar conmigo, no sabe las veces que he necesitado ésto._
Atrevida le dejó un beso en el cuello y dio un paso atrás. Justo y sin esperarlo Él la cogió del pelo dejándole suelto el flequillo y tiró de la cabeza de Diana hacia atrás y escupió en su cara.

_Tú sitio no es ese, perra sumisa._ Él le soltó el pelo. _Vé a tu sitio si deseas despedirte adecuadamente de mi, zorra._

Mirándole expectante por lo que había hecho, y sabiendo ella lo que realmente significaba…
 _Cual es mi sitio… Señor._ Diana sólo pudo pronunciar.
_Lo sabes._ Manifestó Él.
_ ¿Detrás de Usted a Su izquierda?_ Susurró Diana emocionada ya que entendía que Él de una forma silenciosa sigue con ella aunque no estén juntos como D/s y que Él corrigió el cariñoso saludo de ella.

_Siempre, y arrodillada a mis pies como una deliciosa perra bien adiestrada._
Diana sonrió y se lo agradeció.
_Disfruta tu regalo de Navidad, perra. Sorpréndeme._
Y Diana se retiró.

Se acercó al cajón de los fulares y cogió un pequeñísimo y fino pañuelo lila que se suele anudar en la muñeca y se la ocurrió darle más emoción al asunto con una cadena de cincuenta centímetros que enrolló en dicha tela. Respiró profundamente tres veces, y cerrando los ojos, dejó la mente en blanco. Necesitaba reencontrarse.

Cinco minutos la bastaron para ubicarse, separar la hembra (perra) de la mujer, ella sabía perfectamente disociar su mundo BDSM de su vida cotidiana aunque al fin era la misma persona. Se tumbó en la cama.

Poco a poco empezó a introducir lo que asimilaba un dildo, sintiendo como se llenaba y como las paredes de su vagina lo aceptaba. Se levantó despacio por si su idea no daba mucho resultado pero… niquelado, no se movía y el pañuelito hacia un buen tope, la fina cadena molestaba algo pero podía era soportable, sonreía perversa en que quizás si alguien supiera lo que lleva entre las piernas se quedarían con la boca abierta, y también tembló cuando se percató de que no pensó si tenía ganas de ir al aseo, pero no quiso pensar en ese momento, ya se le ocurriría algo. Se vistió y cogió los zapatos altos de tacón negro, el abrigo y se dirigió a la anual comida navideña a casa de unos amigos.

Horas… unas tres horas más tarde de la gran comilona de Navidad, Diana llego a casa y sintiéndose ya algo más molesta, excitada,  pero dolorida entró en el aseo y comenzó a sacarse el pañuelo, recordando que en ciertos momentos tuvo que ir a retocarse y daba gracias por llevar medias que hacían de cierta manera más confiada la tarea. Iba sacando el pañuelo con la cadena y en cada tironcito que daba para extraerlo del interior de su coño, Diana cerraba los ojos y sintió el porqué de dicho regalito navideño.

 Y dijo en alto, mirándose al espejo.... Feliz Navidad, soy una sumisa orgullosa de su esencia.

Selene Moon

4 comentarios:

  1. FELIZ AÑO NUEVO!!! ORGULLOSA SUMISA.
    UN BESAZO SELENE MOON!!!

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  2. Que deliciosa eres relatando... una maravilla y un diamante digno de toda admiración... me declaro fan de ti. Para adorarte

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  3. Fuerte...muy fuerte!!!! Vívido el relato.... Gracias y saludos

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